sábado, 30 de mayo de 2026

Monasterio viejo de San Juan de la Peña. Real monasterio. HUESCA.


   Tercera jornada:  8-04-2026.

El Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, incrustado bajo el enorme peñasco del monte Pano, es quizás el símbolo más potente de la resistencia y el origen del Reino de Aragón. Su ubicación, fundida con la roca viva, no solo responde a una necesidad defensiva, sino que crea una imagen visual que define la simbiosis entre naturaleza y espiritualidad.

Los orígenes del monasterio se remontan al siglo IX como un refugio de eremitas, pero fue en el siglo XI cuando alcanzó su máximo esplendor bajo el patronazgo de los reyes de Aragón. Sancho Garcés III y, posteriormente, Sancho Ramírez, lo convirtieron en el centro espiritual del reino y panteón real.

Fue un centro de difusión del rito romano en detrimento del mozárabe y un punto clave en el Camino de Santiago. Su declive comenzó tras un devastador incendio en 1675, que obligó a la comunidad benedictina a construir el Monasterio Nuevo en una gran esplanada en lo alto de la montaña.

El aspecto arquitectónico más fascinante es su carácter eremítico y rupestre. El monasterio se divide en dos niveles principales que reflejan diferentes etapas constructivas.

La Planta Baja es de origen Mozárabe y Prerrománico. Aquí se encuentra la Iglesia Baja de los santos Julián y Basilisa, con arcos de herradura y una estructura robusta adaptada al espacio cavernoso. También se ubica la "Sala del Concilio" o dormitorio.

La Planta Alta, de estilo Románico, alberga la iglesia principal consagrada en 1094. La cabecera está formada por tres ábsides excavados directamente en la roca.
 
Asimismo, en esta planta se ubica también Panteón Real Medieval, donde descansan los primeros reyes de Aragón. Posteriormente se erigió un Panteón Real neoclásico, reformado en el siglo XVIII, que protege los restos de figuras como Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.

En un espacio exterior, encontramos el Panteón de los Nobles, con nichos excavados en la piedra, donde se enterraba a la aristocracia aragonesa que deseaba estar cerca de sus monarcas.

El claustro es la joya indiscutible del conjunto. Datado entre finales del siglo XI y el XII, carece de techo propio, ya que la gran roca superior actúa como bóveda natural.

 Lo más destacado son los capiteles del claustro, tallados por un maestro anónimo de finales del siglo XII. Su estilo se caracteriza por personajes de ojos prominentes y gran expresividad. Las figuras parecen observar al visitante con una intensidad casi hipnótica.

     Los capiteles narran la vida de Jesucristo, desde la Anunciación y la Natividad hasta la Pasión y la Resurrección. No son meros adornos sino una "Biblia de piedra" para la formación de los monjes.



Sala de los Concilios.


Iglesia de los santos Julian y Basilisa. S. X.




Panteón de nobles. S. X-XII.

Laudas con grifos, crismones...


Sala del Panteón Real Medieval.



Sala del Monasterio de San Juan de la Peña y Conde de Aranda.

Se exponen capiteles procedentes de la parte hundida del claustro,.




Iglesia Superior s. XI. En el techo de la parte anterior al ábside se aprecia la roca donde ha sido excavado.





Nave e imafronte de la Iglesia Alta

Desde la capilla de San Victorián. S. XV. Espacio de transición entre la iglesia y el claustro.

Muro del evangelio. Interior Capilla de San Victorián.

Puerta de entrada de la Iglesia Alta al Claustro.

El claustro. Siglo XII.













Interior de la capilla de San Voto y San Félix.

Bóveda de la capilla de San Voto y San Félix.



   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:

sábado, 23 de mayo de 2026

Los mallos de Riglos. HUESCA.



 Tras dejar atrás el castillo de Loarre nos dirigimos a los famosos mallos de Riglos. 

Los Mallos de Riglos se erigen en la provincia de Huesca como una de las formaciones geológicas más espectaculares y magnéticas de la península ibérica. Estas moles de conglomerado, que alcanzan los 300 metros de altura vertical, no son solo un santuario para escaladores de todo el mundo, sino también un lienzo donde la naturaleza y la historia aragonesa se entrelazan con una fuerza visual incomparable.

Los mallos (término aragonés que define estas formaciones troncocónicas) se formaron durante la orogenia alpina, cuando los sedimentos de cantos rodados cementados por arcilla y arena fueron elevados y, posteriormente, modelados por la erosión del agua y el viento.

El resultado es una muralla de color rojizo —debido a la oxidación del hierro— que cambia de tonalidad según la posición del sol. Destacan nombres propios como el Pisón, La Visera, el Mallo, el Fire o el Puro, cada uno con su propia mística y rutas de ascenso que desafían la gravedad.

Ubicada en el corazón del pueblo, al abrigo de las inmensas paredes de piedra, se encuentra la Iglesia de de Nuestra Señora del Mallo (s.XVII). Lo más impactante es su ubicación; desde su plaza, la perspectiva de la torre del campanario recortada contra la verticalidad del Mallo Pisón ofrece una de las estampas más fotografiadas de Aragón.

A las afueras del núcleo urbano se halla una ermita románica, la ermita de San Martín o de Santa Cruz, datada  en el siglo XI.  Posee una sola nave con un ábside semicircular decorado con los característicos canecillos. Su sencillez es su mayor virtud.  Esta pequeña iglesia formaba parte de un antiguo monasterio hoy desaparecido. 

Vista en zoom desde la lejanía.



Poco a poco nos vamos acercando a Riglos.

Dejamos aparcado el coche en un gran estacionamiento.

Ermita de San Martín o de la Santa Cruz. S. XI.


El ábside con interesantes capiteles.





Callejeando.

Una típica chimenea.



Durando unos cientos de metros fuimos bordeando los mallos por una senda bien marcada.

Llegamos hasta el mallo del Fire y nos dimos la vuelta.


La senda continúa, pero nos dimos la vuelta.

Iglesia de Ntra. Sra. del Mallo.






    VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO: